El huracán Simón avanza sobre el Pacífico mexicano con una trayectoria que apunta directamente hacia las costas de Jalisco y Colima, donde las autoridades estatales y federales ya elevaron las alertas de protección civil ante la posibilidad de que el fenómeno toque tierra el próximo sábado 11 de octubre como ciclón de categoría 4. Con vientos sostenidos que pueden superar los 210 kilómetros por hora, el impacto representa una amenaza concreta para la infraestructura urbana, la vivienda y los desarrollos inmobiliarios establecidos en la franja costera del Pacífico centro-occidente del país.
Las zonas con mayor exposición incluyen municipios costeros de alta densidad turística e inmobiliaria como Manzanillo, Cihuatlán y Puerto Vallarta, donde en los últimos años se ha registrado un crecimiento sostenido de proyectos residenciales y hoteleros. Un ciclón de esta magnitud tiene el potencial de generar daños severos en edificaciones con más de una década de antigüedad, inundaciones en desarrollos ubicados en zonas de baja cota y destrucción parcial o total de infraestructura de servicios básicos como redes eléctricas, agua potable y vialidades de acceso, elementos que determinan el valor y la operatividad de cualquier activo inmobiliario.
Riesgo patrimonial para propietarios e inversores
Para el sector de bienes raíces, episodios como este ponen en evidencia la importancia de contar con pólizas de seguro contra fenómenos hidrometeorológicos, cuya contratación sigue siendo baja entre propietarios de vivienda media y residencial en las costas del Pacífico mexicano. Los desarrolladores con proyectos en etapa de construcción enfrentan, además, el riesgo de pérdidas no cubiertas si las obras no cuentan con las protecciones estructurales exigidas por los reglamentos de construcción municipales vigentes, mismos que en varios municipios costeros han sido actualizados tras el paso de ciclones anteriores.
Las próximas 48 horas serán determinantes para precisar el punto y la intensidad del impacto. Mientras tanto, el mercado inmobiliario de la región observa con atención la evolución del fenómeno, consciente de que los daños materiales de un huracán mayor no solo afectan el inventario existente, sino que también pueden retrasar meses o años la reactivación de la demanda y la confianza inversionista en los destinos afectados, tal como ocurrió en otras plazas costeras tras eventos similares en el pasado reciente.