El banco BBVA dio a conocer un análisis en el que concluye que el impacto económico generado por el Mundial de Fútbol 2026 en México resultó significativamente menor al que distintos modelos de proyección habían anticipado. De acuerdo con el reporte, sectores como el turismo receptivo, la hotelería y el comercio minorista registraron cifras por debajo de las expectativas que se habían trazado antes del arranque del torneo, lo que pone en entredicho algunas de las premisas con las que operadores e inversionistas tomaron decisiones durante los últimos años.
Entre los factores que el análisis identifica como determinantes de este desempeño moderado se encuentran la concentración de los flujos de visitantes en pocas ciudades sede, la preferencia de muchos aficionados extranjeros por hospedarse en alojamientos de corta estancia en lugar de hoteles tradicionales, y una derrama en el comercio local inferior a la proyectada. Esto se tradujo en que los niveles de ocupación hotelera y el gasto promedio por turista no alcanzaron los niveles récord que diversas proyecciones institucionales y privadas habían estimado con base en ediciones anteriores del torneo celebradas en otros países.
Para el sector inmobiliario, las conclusiones de BBVA representan una señal de alerta relevante. Varios proyectos de desarrollo hotelero, comercial y de uso mixto fueron planeados o acelerados en sus etapas de estructuración financiera tomando como argumento central el efecto multiplicador del Mundial. El hecho de que dicho efecto haya sido más acotado de lo previsto obliga a revisar los modelos de proyección de demanda que típicamente se emplean cuando se vincula una inversión a un evento de gran escala, y a incorporar escenarios más conservadores en los análisis de viabilidad.
El hallazgo también abre una discusión más amplia sobre la manera en que el mercado inmobiliario mexicano calibra sus apuestas ante eventos deportivos o culturales de alcance internacional. Expertos del sector señalan que, si bien estos eventos generan visibilidad y pueden detonar mejoras en infraestructura urbana con beneficios de largo plazo, no deben ser considerados por sí solos como un motor suficiente para justificar inversiones de alto riesgo o para validar valuaciones que dependan de una demanda extraordinaria y temporal.
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