En el mercado inmobiliario industrial de México, un nuevo factor ha tomado protagonismo en los procesos de valuación y comercialización de suelo: la disponibilidad de suministro eléctrico. Lo que antes se consideraba un requisito técnico secundario se ha convertido hoy en un criterio determinante al momento de fijar el valor de un inmueble industrial, al grado de que terrenos con factibilidad eléctrica confirmada pueden alcanzar precios significativamente superiores a los de predios equivalentes que no cuentan con dicha garantía.
El fenómeno responde directamente al auge del nearshoring y a la llegada masiva de empresas manufactureras que buscan establecerse en territorio mexicano para atender la demanda del mercado norteamericano. Estas compañías, muchas de ellas de los sectores automotriz, electrónico y de semiconductores, requieren grandes volúmenes de energía eléctrica para operar sus plantas, por lo que la certeza de contar con el suministro adecuado desde el inicio del proyecto se convierte en una condición no negociable para cerrar una inversión. Ante esta realidad, los desarrolladores y propietarios de parques industriales que han logrado asegurar capacidad eléctrica suficiente se encuentran en una posición claramente ventajosa dentro del mercado.
Sin embargo, la situación también evidencia una presión creciente sobre la infraestructura eléctrica nacional. Las limitaciones en la red de transmisión y distribución, así como los tiempos prolongados que implican los trámites de factibilidad ante las autoridades correspondientes, representan un cuello de botella que frena el aprovechamiento pleno del potencial industrial del país. Esto ha llevado a que la gestión oportuna de permisos y dictámenes eléctricos se convierta en una ventaja competitiva para los desarrolladores más experimentados, quienes incorporan esta variable desde las etapas más tempranas de la planeación de un proyecto.
En términos de inversión extranjera directa, la disponibilidad eléctrica se perfila como uno de los elementos que más influye en la toma de decisiones de los grandes corporativos internacionales al evaluar ubicaciones en México. El país compite en un entorno global por atraer capital, y la falta de certeza energética puede inclinar la balanza hacia otros destinos. Por ello, tanto el sector privado como los gobiernos estatales han comenzado a incorporar la infraestructura eléctrica como parte central de sus estrategias de atracción de inversión y desarrollo de suelo industrial.
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