El segmento de microbodegas industriales urbanas atraviesa un momento de auge sin precedentes en México, con tasas de ocupación que se aproximan al 100% en las principales ciudades del país. Este desempeño refleja una demanda sostenida por espacios de almacenamiento y distribución de menor escala, que han ganado protagonismo ante la creciente dificultad para encontrar naves industriales convencionales disponibles en ubicaciones estratégicas dentro de los centros urbanos.
El precio de las rentas ha respondido a esta presión del mercado, llegando a cotizarse hasta en 9.15 dólares por metro cuadrado mensual en los mercados con mayor actividad. Este nivel tarifario evidencia la alta valoración que desarrolladores e inquilinos otorgan a estos formatos compactos, los cuales ofrecen flexibilidad operativa y proximidad a los consumidores finales, dos atributos fundamentales para las cadenas de suministro modernas.
Detrás de este fenómeno se encuentran el crecimiento acelerado del comercio electrónico y la evolución de la logística de última milla, actividades que requieren puntos de almacenamiento distribuidos y accesibles dentro de las ciudades. La escasez de inventario industrial tradicional ha actuado como catalizador para acelerar la colocación de estos inmuebles alternativos, que ahora compiten en rentabilidad con formatos de mayor tamaño y se consolidan como una clase de activo relevante dentro del portafolio inmobiliario industrial mexicano.
El dinamismo de las microbodegas posiciona a este nicho como una de las apuestas más atractivas del sector en el corto y mediano plazo, especialmente en ciudades donde la expansión horizontal del parque industrial tradicional enfrenta restricciones de suelo y conectividad. Desarrolladores y fondos de inversión han comenzado a voltear hacia este formato como una alternativa viable para diversificar sus activos y capturar la demanda logística que el entorno urbano sigue generando.
Con informacion de Centro Urbano. Consulta la nota original aqui.