La gentrificación en el Centro Histórico de la Ciudad de México avanza a un ritmo que está reordenando la composición social de uno de los barrios más densos y simbólicos de la capital. Un recorrido periodístico documentó cómo el alza sostenida en los valores del suelo y la llegada de usos comerciales y turísticos de mayor poder adquisitivo están derivando en desalojos de familias que llevan décadas habitando la zona, muchas de ellas en condición de inquilinas o en inmuebles con tenencia irregular.
El fenómeno no es exclusivo de esta alcaldía, pero el Centro Histórico concentra factores que lo intensifican: patrimonio arquitectónico rehabilitado con recursos públicos y privados, conectividad de transporte y una demanda creciente de espacios para renta de corto plazo —entre ellos plataformas digitales de hospedaje— que eleva los precios por encima de lo que los residentes originales pueden sostener. El resultado visible es el desplazamiento progresivo de comunidades de ingresos bajos hacia zonas periféricas, lo que fragmenta redes de vida urbana construidas durante generaciones.
Política pública y diseño urbano como contrapeso
Frente a este escenario, el reportaje analizó diversas alternativas que combinan instrumentos de política pública con estrategias de diseño urbano. Entre las propuestas documentadas figuran la creación de vivienda asequible en régimen de propiedad social, la regulación de la renta a corto plazo en zonas de alta presión inmobiliaria y la aplicación de mecanismos de captura de plusvalía que permitan reinvertir parte del incremento del valor del suelo en beneficio de los habitantes de menores recursos. También se plantea que los programas de rehabilitación incluyan cláusulas de permanencia para los residentes actuales antes de iniciar obras.
Para el sector inmobiliario, el debate sobre gentrificación en zonas céntricas tiene implicaciones operativas concretas: proyectos que no incorporen componentes de vivienda incluyente o que ignoren el tejido social existente enfrentan un riesgo reputacional y regulatorio creciente, en un contexto donde la presión ciudadana y las agendas de gobierno local buscan instrumentos para intervenir el mercado de suelo con mayor decisión.